¿QUÉ ES LA ENFERMEDAD DE PARKINSON?

Es una enfermedad degenerativa del sistema nervioso que afecta de forma característica a una de las áreas encargadas de iniciar y coordinar el movimiento. Es un proceso de causa no conocida, crónico y progresivo que se produce como consecuencia de la pérdida selectiva de neuronas dopaminérgicas de la parte compacta de la sustancia negra, lo que da lugar a un déficit de la transmisión nerviosa dopaminérgica y la consiguiente aparición de los síntomas característicos de la enfermedad.

En España se estima que entre 150.000 y 200.000 personas padecen la enfermedad de Parkinson, y una de cada diez tiene menos de 40 años. Cada año se diagnostican unos ocho mil nuevos casos, aunque cerca de 30.000 personas permanecen sin diagnosticar.

¿Cuáles son los síntomas de la enfermedad de Parkinson?
Las cuatro manifestaciones clínicas principales son motoras:

El temblor de reposo, es un temblor de inicio asimétrico y que disminuye al mantener la postura. Afecta principalmente a manos (produce la característica “cuenta de monedas”) y pies, aunque también afecta con frecuencia a la cara (labios), la mandíbula y los músculos de la lengua.

La rigidez que suele afectar a todos los músculos de las extremidades afectadas, y que se ha comparado con la sensación que se tiene al doblar una barra de plomo. Produce en el paciente una dificultad para los movimientos y sensación de “agarrotamiento”.

La bradicinesia es el más incapacitante, y consiste en un enlentecimiento progresivo de los movimientos voluntarios, particularmente en la iniciación de determinados movimientos como pasear, darse la vuelta en la cama, y una reducción de la destreza manual; todo ello impide o dificulta los movimientos sucesivos o simultáneos y hace que tareas simples como escribir, vestirse o abrocharse los botones se conviertan en imposibles.

La alteración de los reflejos posturales o inestabilidad postural, es la aparición gradual y tardía, en la evolución de la enfermedad, de una dificultad del equilibrio. Los pacientes tienen dificultad para mantenerse de pie en posición recta, y cuando intentan caminar hacia delante la cabeza y el tronco se mueven desacompasados con los pies. Las tareas sencillas como girar en el baño para alcanzar la toalla acaban en caídas, pudiendo ser graves al caer los pacientes a plomo al suelo. Entrar y salir de la bañera, a menos que haya algo en lo que apoyarse, puede ser completamente imposible.

El diagnóstico es esencialmente clínico y se basa en la presencia de al menos dos de éstos cuatro síntomas: lentitud de movimientos, rigidez muscular, pérdida de equilibrio y temblor, aunque para poder hacer un diagnóstico exacto en las fases iniciales de la enfermedad se recomienda observar a la persona durante un periodo de tiempo.
 
Otros síntomas incluyen: trastornos del habla, alteraciones del sistema nervioso autonómico (digestivo, urinario, etc...), trastornos del sueño, depresión, ansiedad, demencia, alucinaciones y psicosis.

¿Cuáles son las causas de la enfermedad de Parkinson?
La causa es desconocida y probablemente multifactorial, siendo los principales factores etiológicos la predisposición genética y las exposiciones ambientales tóxicas (exposición a herbicidas y pesticidas, uso de agua de pozo, áreas con industrias de aleación…).

¿Cómo tratar la enfermedad de Parkinson?
Las recomendaciones para el tratamiento de la enfermedad de Parkinson, una vez que se ha llevado a cabo un correcto diagnóstico, son las siguientes:

  • Tratamiento no farmacológico: educación, ejercicio, nutrición, fisioterapia, logoterapia.
  • Tratamiento farmacológico sintomático: encaminado a restaurar la función dopaminérgica y, por tanto, a alargar la expectativa de vida, a mejorar el deterioro funcional y la calidad de vida.
  • Tratamiento quirúrgico: considerarlo en casos seleccionados cuando la enfermedad no se controle satisfactoriamente con el tratamiento farmacológico.

A pesar de que la enfermedad de Parkinson es crónica, un tratamiento correcto y el apoyo de familiares y amigos pueden ayudar a mejorar muchos de los síntomas, permitiendo al paciente mantener una adecuada calidad de vida durante muchos años.